[Seminario “Corpografías VIII. La ley sobre la piel: retóricas entre derecho y cuerpo. Contagio, transmisión, infiltración. Barcelona. Más info / descarga del programa.]

 

Quiero empezar partiendo de este título -Yuxtaposiciones morbo: Esparcir el cuerpo mórbido como pieza política maquínica, porque me gustaría que nos centráramos durante este  discurso  en el análisis de cómo utilizamos la poética -morbo- para articular ciertos títulos, y cómo al descomponer esta poética podemos descubrir ciertos huecos en su gramática que nos darán ciertas pistas acercar de -cómo es eso de vivir con una condición crónica desde una perspectiva política y social, cómo se relaciona la comunidad y el sistema con nuestros cuerpos, y  -exponeros- qué fisuras  y qué conceptos me interesa trabajar desde la propia identidad-.

1. LA POÉTICA DEL TÍTULO RARO COMO APROXIMACIÓN A LO QUE QUEREMOS CONTAR.

Cuando nombramos, definimos o titulamos un texto, una performance o una pieza nos introducimos en una deriva poética que aglutina significados y significantes -con la intención- de exponer una idea, que nos llevé más allá de las propias palabras. La acción de querer condensar desde el título nos puede llevar por múltiples reflexiones que subyacen debajo de estas formulaciones sintácticas, debajo de este juego semiótico-poético.

Resuena en mi cabeza las palabras de Judith Butler cuando, a través de you tube, escucho como nos cuenta y como nos argumenta la palabra/concepto “definición” Cito:                                                                                                                                            1- Cuando decimos algo/ contamos algo: Formamos/ formulamos un derecho.           2- Hay que tener en cuenta qué luchas hay detrás de estas definiciones.                      3- Y algo sumamente clave cuando expone que: -Una definición es una forma abreviada de teoría.

Por lo que atrevernos a definir títulos, algunos aparentemente incomprensibles, otros aparentemente inofensivos, aparte de ser reto melódico y lingüistico, estamos entrenando a nuestro imaginario conceptual para ayudarnos a decodificar ciertos mensajes yuxtapuesto, ciertos mensajes aparentemente sin nexo.

Me gustaría darle la importancia que se merece a esta mutabilidad que nos ofrece el  texto, o lo que yo llamo el morbo yuxtapuesto,  para observar este juego semiótico, este juego donde una misma palabra nos puede situar dentro de la legalidad/  ilegalidad y que acompaña inevitablemente al cuerpo.

Recuerdo una cita de Lucía Egaña Roja que te deja todo el campo abierto. Cito :- Quiero hablar desde un lugar no victimizante, pero que al mismo tiempo no convierta la no- victimización en un lugar de silenciamiento. La majestuosidad de esta frase nos posiciona (sin llevarnos a equívoco) en un lugar legítimo desde donde poder hablar sin sentirnos por ello victimizadxs. Hablar desde la no victimización para poder llegar a hablar desde el morbo y  aproximarnos a cuestiones como ¿Qué es eso de la ilegitimidad del cuerpo? ¿Qué es eso de la expropiación del cuerpo?

Quiero pensar que cuando sometemos al título y al texto a esta taxonomía conseguimos incidir en lo que realmente nos interesa, que es hablar y visibilizar todo aquello que nos fractura y nos determina dentro de un contexto cuerpo-político, dentro de un contexto cuerpo y derecho. Para ello, Yuxtaposiciones morbo nace con la intención de poder desarrollar este discurso y con la intención de encontrar algunas segmentaciones que podrían y que se pueden  trazar teniendo como eje principal la palabra –contagio- como significante que nos une en esta mesa, en este debate.

Googlear la palabra –contagio- me llevó a una -sorpresa fílmica- al teclear, darle a intro y hacer click en la sección de imágenes. Mi pantalla, adoptó forma de cartelera de cine siempre con una misma constante : “Contagio, nada se expande como el miedo”.  

Mi impulso primario hizo que me detuviera en la palabra miedo. El miedo en relación con el acto de la mutabilidad nos conduce por una realidad que es experimentada a través de binomío -discapacidad versus capacitismo/capitalismo- y de cómo estos miedos son subvertidos a través de prácticas que objetualizan la resistencia. Hablar del miedo, en relación al acto de la enfermedad, es hablar de la  opresión que nos causa el poder sociopolítico, jurídico y médico- económico dentro del sistema mundo. Estas opresiones no visibles quiero convertirlas en cuestiones para abordarlas en estos minutos y poder situarlas sobra la báscula para calcular algunos pesos que recaen sobre nuestros cuerpos crónicos, sobre nuestra piel.

Si buscamos el significado de –morbo- nos encontraremos con una definición que nos habla -del morbo- como una tendencia obsesiva hacia lo desagradable, hacia lo cruel, hacia lo prohibido. Aquí -quizás- sería interesante  cuestionarse  qué entendemos por desagradable, y hasta dónde dibujamos esos contornos de lo prohibido como mecanismos de opresión. Dónde y hasta dónde somos capaces de hacer estallar los márgenes, de hacer estallar el texto,  de hacer estallar el estatus quo para romper el marco.

Siguiendo con la lectura de esa sorpresa fílmica mi retina encontró de una manera secundaria la importancia yuxtapuesta en el significante –expandir-.

Expandir, es aumentar o ampliar algo para que abarque un ámbito o un espacio mayor. Expandir nos puede llevar a repensar cómo operamos en términos de contagio. Expandir / esparcir el código para visibilizar estos nuestros cuerpos crip, para llegar a un -empoderamiento individual- que nos lleve  hasta un  – agenciamiento colectivo-, un  agenciamiento en pluralidad.

Pero expandir también me lleva por un significado íntimo y yuxtapuesto, un significando adherido al cuerpo y aparentemente sin nexo. Expandir, esparcir desde el término, me sitúa en la particularidad que sustenta en este caso mi propio sujeto. Expandir el cuerpo es la acción principal que desarrolla la mutabilidad acromegálica con la que converso. La acromegalia  es una condición clasificada como rara y que actúa haciendo que el cuerpo crezca de una manera no controlada entre otras variaciones. Un tumor ubicado en la hipófisis segrega hormona de crecimiento, por lo que nuestras partes acras, las manos, los pies, la nariz, la mandíbula, el corazón, las vísceras crecen de una manera sigilosa pero constante.

Podríamos hablar de el porqué de esa dilatación en el tiempo ante la incredulidad de que algo extraño estaba sucediendo y de las consecuencias que conlleva obtener un diagnóstico tardío. Podríamos hablar de cuánto he menguado en talla de anillo y zapato a través de un inhibidor hormonal pero esto sería otro morbo yuxtapuesto. En esta ocasión quiero hablaros de cómo a través de esta peligrosa performatividad con la que se desenvuelve el sujeto acromegálico  se establece la expropiación del cuerpo a través de la propia carne, y de cómo acabas convirtiéndote en un cuerpo ilegal.

Recuerdo el día en que uno de tantos médicos visitados utilizó la metáfora para hablar del crecimiento acromegálico con la expresión “crecer como una lenteja”. Ese crecer a lo ancho, a lo lenteja siempre me trasporta a la infancia, para recordarme cómo  mi abuela me sentaba al lado de la mesa, extendía las lentejas y mi misión en el juego era identificar las lentejas no válidas, las lentejas crip, las tullidas, para descartarlas del grupo. Metáfora aparentemente inofensiva, con ese morbo yuxtapuesto, que nos sitúa en lo diferente, en lo  no normativo como elemento desechable. Una metáfora que nos aproxima al acto de identificar para repensar qué realidades y qué posicionamientos le damos a los cuerpos crónicos. Una metáfora donde creo que no hace falta preguntarnos dónde acababan esas lentejas crip.

Johana Hedva, nos sitúa en los cuidados que requiere el cuerpo enfermo como algo que la  sociedad y el sistema conciben como una circunstancia temporal.  Una circunstancia que va a pasar de largo como si fuera un resfriado. Este fenómeno social me gustaría definirlo como la fantasía de la no temporalidad en el cuerpo enfermo crónico, otro morbo yuxtapuesto. Me gustaría añadir que esta fantasía de la temporalidad también recae en los cuidados y en la expropiación del cuerpo. Hablo de esa expropiación del cuerpo cuando el cuerpo pasa a ser gestionado por otros, hay otros que lo habitan y que lo determinan en ese devenir ciborg, en ese devenir postquirújico donde nadie te contó  el porqué de esa cicatriz abdominal, el porqué de esa modificación nasal para acceder a tu cráneo, y el porqué de esas largas listas de espera donde se efectúa la incredulidad metódica.

Por otro lado, también hay otras cuestiones en las que  considero hay que incidir como son la credulidad y la incredulidad del cuerpo enfermo. Cuestionarnos ¿cómo tenemos que ser aparentemente los cuerpos enfermos? ¿Cómo tenemos que mostrarnos de cara a la comunidad y de cara al resto?

Una se plantea cuestiones como: – Si se  nos tiene que notar, o  si no se nos tiene que notar. Cuándo decidimos que se nos note. Cuándo decidimos que esto no sea así.  Al lado de quien queremos compartir y desvelar estas circunstancias… Porque pareciera que cuando queremos hacer uso de algunos trucos para efectuar el passing con éxito (como puede ser el maquillaje,  ropa que nos haga sentir bien,  algún que otro parche para gestionar el dolor y multitud de líneas de fuga que nos hacen efectuar esta normatividad acorde al ejército de los erguidos (expresión  utilizada por Virginia Wolff), el juicio que impera es la ejecución de un engaño al resto, una deslealtad.  Este tipo de causas y efectos nos llevan a determinar la credulidad y la incredulidad del cuerpo enfermo, y digo esto porque aparte de que para nuestra carnalidad crónica es una constante recordé  una sentencia de una viguesa (Pilar García -2007) en la que la SS le denegó la incapacidad laborar por “ir maquillada, depilada y tener el pelo teñido”.

Como veis, aquí se sigue afirmando y manteniendo esta expropiación del cuerpo crónico con la agravante de ser o no ser un cuerpo crédulo y oprimido. La credulidad/  incredulidad del cuerpo es el primer factor de opresión y violencia que se deposita en nuestros cuerpos pero es que en el caso de  ser un cuerpo enfermo y mujer no sabemos muy bien por qué estamos acogidas al factor suerte. Suerte de que  se establezca la escucha, suerte si no hay una derivación a psiquiatría, suerte si no te dan un cachete en la nalga después de una exploración médica como si fueras carne apta para su satisfacción libidinal. No podemos negar que la gran nombrada histeria del siglo XIX, gran invento para descalificar a la mujer, todavía está instaurada en el marco social, médico y jurídico, y que estos sistémas se consolidan a través de una estructura puramente patriarcal. Podríamos, entonces,  hablar infinitamente de cómo se produce la expropiación del cuerpo y de cómo y dónde podemos encontrar estas expropiaciones y qué balbuceos utilizamos para poder hablar y mostrar estas realidades.

Os quiero nombrar cuatro desgloses que  utilizo en referencia al  tiempo cuando practico el balbuceo de estas violencias. En este caso nos centraremos en un trabajo fotográfico llamado “El cuerpo expuesto”. No podemos olvidar que el factor tiempo no es medida exacta porque no es lo mismo consumir tiempo dentro de una cárcel  (me gustaría nombrar un libro de filosofía de derecho penal – “El tiempo como pena” de Ana Messuti)  que el tiempo que consumismos en una fiesta. Pues bien, utilizo cuatro desgloses del tiempo/ o hasta ahora he trabajado con estos cuatro que me ayudan a reflexionar y ubicar ciertas maneras de narrar:

  1. El tiempo que transcurre hasta la obtención de un diagnóstico, dónde la obra adquiere un discurso de búsqueda, donde hay muchos interrogantes abiertos, y quizás haya un abuso de la poética en esa búsqueda, en esos devenires.
  2. El tiempo que transcurre entre consultas, realización de pruebas diagnósticas, obtención de resultados e intervenciones quirúrgicas. Aquí podríamos incidir en piezas dentro de un contexto  activistas y sobre todo de cómo está planteada nuestra S.S. – nuestro sistema médico.
  3. El tiempo que hace incisión en el cuerpo cuando se somete a una intervención quirúrgica. Estas piezas reflexionan sobre los cuidados y  cuestionnan en qué lugar se encuentran y no se encuentran estas esferas del cuidado y  dónde se diluyen…
  4. Y por último el tiempo que transcurre en diálogo y en convivencia con la enfermedad. Aquí habria un computo global donde vuelve a haber una retórica poética pero a su vez se ejecutan ciertos pesos que nos hagan reflexionar sobre cuestiones de ley y derecho y poder visibilizar  ese contagio cuando mostramos lo que se acostumbra a no enseñar, a manejar en ámbitos privados.

Para poder desarrollar estos balbuceos trabajado con diferentes herramietas como puedan ser la fotografía, la performance o el texto. Me gusta utilizar materiales como lecturas, diarios, autorretratos, materiales de procesos médicos… etc. Parto  de la representación tullida y la teoría crip como linea de fuga teniendo muy presente una frase de Sayak Valencia que dice: No aceptar la indefensión como destino. En este afán de querer contar y de querer visibilizar para sostenernos en marcos equitativos no podemos olvidarnos de el morbo yuxtapuesto, y ahondar en esa  importancia del título, en este caso cuando una expone la realidad del cuerpo crónico.

Para ello me gustaría hacer taxonomía de dos titulares que se formularon después de realizar la exposición de “El cuerpo expuesto”, para aproximarnos un poco más a eso que a mí me gusta llamar  como el morbo yuxtapuesto, lo que aparentemente no tiene nexo. Me parece importante analizar cómo se comporta el texto cuando se esparce este código crip, este código tullido y  se establece el contagio con la comunidad.

* En este primer titular “Autorretratos que curan”,  volvemos a  toparnos con  la enfermedad como algo pasajero, como algo que inexorablemente nos obliga a afirmar que pasará de largo y que llegará la cura. También podríamos preguntarnos a quiénes curan cuando la intención de este trabajo recae en hacer abolición del capacitismo y se apropia de ciertos contexto político para interperal al otrx. También me gustaría que nos situáramos en el abordaje de la  expresión fotográfica, textual y escritural desde la cura para exponeros porqué no me aproximo ni me aproximaré nunca al término arteterapia dentro de la práctica artística. Hay una constante que el otrx siempre reproduce  como pregunta: – ¿Qué terapéutico es esto que haces no? Entonces mi cuerpo adoptaba cierto retorcimiento extraño; algo que hizo que me parara a pensar el porqué de esta torsión. ¿Porqué mi lenguaje corporal se revelaba ante estas palabras? Cuando se habla de la práctica artística que desempeña un cuerpo crónico, y que trabaja a partir de su realidad como cualquier otrx y se expone al resto para efectuar este contagio me atrevería a decir que el 85% interpreta esta práctica como una práctica de arteterapia. Aquí se efectúa nuevamente una opresión que infantiliza, subestima despontencia el balbuceo y la manera de hablar de una realidad abyecta. Como con cualquier proyecto autobiográfico se trabaja con  el encuentro, con la verdad mutable como en cualquier otra práctica, pero no se le da la importancia al  caracter político que requiere. Se increduliza a través de una acción desempoderante como pueda ser la arte-terapia como si fuera una práctica de  pintar mandalas. Prevalece antes la fantasía colectiva y la opresión de que el estatus crónico está buscando un alivio de la sintomatología, cuando lo que realiza es un balbuceo, una crítica social  que la sociedad no está dispuesta a escuchar. Por lo que podríamos preguntarnos nuevamente… ¿para quién iría destinada esta terapia? ¿No es acaso un trabajo que interpela al cuerpo erguido?

*En este segundo titular : “Míriam Vega o la imposibilidad del cuerpo expuesto” (con un añadido de publi), me llamó sublimemente la atención primero que mi sujeto fuera sinónimo  de -imposibilidad- para la comunidad  con ese -O-. Pero también me llevó a recordar que hablar de un cuerpo imposibilitado era hablar también de un cuerpo ilegítimo. Digo esto porque son dos consecuencias morales que Jean Luc Nancy disecciona en uno de sus textos que lleva como título: “La representación prohibida”. Este texto de Nancy nos acerca a la pregunta de si se puede o no se puede representar a los cuerpos que han habitado en un campo de exterminio. Nancy se cuestiona el por qué de este rechazo, cuando por el contrario sí que aceptamos la carne representada en  el horror de otras guerras como por ejemplo la representación del horror de la carne en un cuadro de Goya. Su pregunta clave es si esta representación prohibida nace de una imposibilidad o de una ilegitimidadAquí  vemos como estas dos consecuencias morales van ligadas la una de la otra. Me gustaría que pensáramos el posicionamiento de Nancy dentro de un contexto cuerpo mórbido, cuerpo crónico, cuerpo tullido y  hasta donde es aceptada su representación a través de la expresión. Nancy  responde para esta imposibilidad que «es un carácter insostenible porque no hay límites que categoricen lo que se puede o no se puede representar». El cuerpo es representativo en sí mismo, es la comunidad quien le acuña ese significado. Podemos decir entonces que la imposibilidad es una fantasía, una consecuencia moral y opresora, y que es la comunidad quien ejerce el contagio de este significante para calificar al cuerpo mórbido como cuerpo representado. Pero Nancy no nos cuenta que altes de la imposibilidad representativa del cuerpo se encuentra el texto compulsado que interfiere con un cuerpo de derecho. Luego entenderéis por qué digo esto cuando os hable de la legalidad y de la ilegalidad del cuerpo. La otra consecuencia moral de la que habla Nancy  es la ilegitimidad. Nos cuenta  que la ilegitimidad solo se puede entender a través de una prohibición religiosa, porque algo ilegítimo inexorablemente siempre va ligado a una cuestión religiosa. Esta segunda consecuencia moral estaría dentro de un contexto más subjetivo, religioso que abarca el comportamiento social. Un aparato de control donde entra en juego  el poder de dios, el poder de los  dioses, el  poder  del capital que son quienes construyen y fabrican  nuestra subjetividad. Por lo que el cuerpo crónico, y más el cuerpo crónico ilegal, juega con estas dos especulaciones categóricas e inseparables la una de la otra por ser dos consecuencias morales que friccionan al entrar en contacto con la comunidad y con el sistema por el que se circula. Y todo este discurso sale a flote  a través de dos titulares  aparentemente inofensivos pero que no por ello se desligan de ese morbo yuxtapuesto.

Después de hablar de esta expropiación del cuerpo, después de hablar de la imposibilidad y de la ilegitimidad como consecuencias morales que nos llevan a pensar que antes de la representación se encuentra el texto, para finalizar quiero hablaros de cómo el texto determina la legalidad o la ilegalidad del cuerpo. Volvemos a recaer en ese hueco de la gramática, en la importancia de la gramática del hueco. En la complejidad del hueco por dónde se nos cuelan y se invisibilizan muchas cuestiones de estos cuerpos crónicos. Partiendo de esa barrera resistente del lenguaje con la que se concibe un  texto podríamos hablar de los obstáculos adheridos al cuerpo cuando este necesita de un  texto compulsado para ser legitimado, para legitimar su condición de cuerpo en proceso de mutabilidad. No es lo mismo llamarse con papeles que sin papeles, migrante, euroblanco, musulmán, occidental. No es lo mismo llamarse BBVAh (blanco, burgués, varón, adulto y heterocis con el añadido estandarizado de  que habita en un país en condiciones económicas favorables) bien, pues no es lo mismo llamarse BBVAh, que llamarse negro, mujer, homosexual, transexual, infante o trabajadora sexual. Ley y derecho no se articula con los mismo pesos. No es lo mismo llamarse saludable, que enfermo y dentro de los cuerpos enfermos, no es lo mismo llamarse enfermos, que enfermo crónico, y dentro de los cuerpos enfermos crónicos no es lo mismo llamarse enfermo crónico con diagnóstico, que enfermo crónico sin diagnóstico. Dentro de los enfermos crónicos con diagnóstico no es lo mismo estar o  no estar reconocido a términos de ley y prestaciones. Una serie de categorías hacia bajo que determinan y legitiman  la legalidad/ ilegalidad del cuerpo.

Me gustaría nombrar a Leonor Silvestri  porque este concepto lo deja claro cuando narra su biografía. Cito: «Leonor Silvestri, poeta y traductora especializa en poesía clásica, profesora de filosofía, deportista de combate y disca legal». Me parece clave el uso del significante -disca- como una deconstrucción y reapropiación del término discapacitadx con ese añadido que nos revela las  categorías por las que se mueve el cuerpo enfermo, de sí está o no está reconocido a efectos de ley.  Aquí  podemos identificar qué lugares pueden ocupar los cuerpos crónicos en un ámbito de derecho para darme  cuenta de cómo podríamos  adjetivanos aquellos que no estmos reconocidos a efectos de ley. Aquí podemos intuir qué múltiples consecuencias van insertadas en la piel cuando se es un cuerpo ilegal, cuando se es un cuerpo que no puede caminar libremente por los circuitos que tiene elaborados el sistema y que, a su vez, necesita una mínima capacidad económica para su subsistencia. Este tipo de cuerpos, los cuerpos crónicos sin papeles, mal vivimos de prestaciones sociales con las que  estamos obligadxs  a comunicar cualquier desplazamiento, a no circular libremente fuera de nuestras ciudades, a no poder  tener ningún bien a nuestro nombre para poder recibir estas prestaciones sociales, a formar parte de programas de inserción laboral, a recibir visitas de tu asiste o asistenta social para inspeccionar tu casa por si vives con alguna persona de la unidad familiar- nuclear ( padre, madre, hermanxs) porque sría considerado fraude y también inspeccionar tu modo de vida. Y es que el estado no contempla una clasificación que nos determine por lo que nos vemos obligadxs a acogernos a rentas de inserción y que conllevan todas estas cláusulas violentas entre otras cuantas. Os podría estar hablando infinitamente de las múltiples consecuencias que conlleva ser un cuerpo ilegal y la violencia a la que estamos sometidos.

Por todo esto, os comentaba al principio que los existencialismos de vivir con un cuerpo crónico pasan a un segundo plano porque lo que realmente importa es todo este morbo yuxtapuesto. Por todo esto es necesario pensar en estas categorías porque la no legitimidad del cuerpo, la no incredulidad del cuerpo, el no poder sujetarse a una definición compulsada e insertada en un texto y que conlleva  una multiplicidad de pesos que tienen que ser basculados y  carnalizados por el cuerpo crónico desde una privacidad no visible es normalizado y escondido. Y porque considero que el balbuceo es la manera de poder esparcir este código y porqué no, creer y crear este necesario contagio.

BUTHEL, Judith. Conferencia “Cuerpo que importan”, En línea: <https://www.youtube.com/watch?v=-UP5xHhz17>. Red Interdisciplinaria de estudios de Género UNTREF. 16 de septiembre de 2015.

NANCY, Jean- Luc. “La representación prohibida”. La Jornada Semanal. Núm. 589. 18 de junio del 2016. En línea: <http://www.jornada.unam.mx/2006/06/18/sem-jean.html>.