[Intervención realizada vía Skype el 23 de marzo de 2017 a propósito de “Transplant: mi enfermedad en una creación artística” – Residencia de Quimera Rosa en colaboratorio Prototype_ome.   Más info sobre su proyecto en : GRIND HANGAR SPINOZA ORG ]

 

Primeramente quiero dar la gracias a las Quimera por haberme invitado a participar en esta intervención que reafirma aquello que nombramos cuando hablamos del un cuarto propio conectado. Quiero resaltar también la importancia de que nuestras wifis sean el puente que nos une y que nos acerca, para poder efectuar ciertos ensamblajes celulares y materializar así esa ausencia convertida en presencia.

Pensaba estos días en el punto de partida que nos une en esta deriva común, en la mutabilidad como conector. Pensaba que el principal gesto que pudiéramos compartir en esta intención que nos hace estar aquí y ahora, y desde este aquí y desde este ahora se sustenta no solo en la mutabilidad, sino en la intención de abrir código cuando exponemos nuestras representaciones corporales, con el fin de poder dilucidar sobre qué conexiones, repeticiones o cuestiones semejantes podríamos encontrar en nuestros tejidos y textos mutables y cómo se comporta el entorno con ello. Abrir código, a través de la mutabilidad que nos ofrece el cuerpo, es gesto de empoderoagenciamiento que nos lleva por múltiples paisajes y herramientas. Esta acción que quiere ser verbo nos ofrece diferentes maneras de contar la mutabilidad que, en resumidas cuentas, es contar la vida.

Me hubiera encantado poder acercarme -desde la piel- a esto que estáis llevando a cabo. Los cuerpos ciborg y online están muy bien, son necesarios, pero no podemos negar que hay ciertas cuestiones solamente humanas que se escapan del posthumanx cuando -con el asepticismo de la pantalla- no llegamos a  sentir o palpar aquello que es representado. Leía vuestra declaración de intenciones, vuestra sinopsis de proyecto para insertar aplicación en mi tejido y comprender minuciosamente este proceso para darme cuenta de que, al no fisicalizar, el intelecto se quedaba “pensando” en esa acción de insertar aplicación o plugin con éxito en mi cabeza. Es esa complejidad a la hora de insertar, quizás, la que haga para mí más atractiva la deriva de vuestra investigación. Desgeolocalizar la clínica a través de una diversidad celular que se entremezcla con el acto reflexivo, la práctica de teorizar, el pensar, el laboratorio, la carne y la plasticidad que nos pueda ofrecer la intervención y la documentación del cuerpo para poder archivar procesos que nacen desde nuestra carnalidad. Nos une entonces cierta biopolítica tullida como punto de partida y conexión a la vez que el deseo de intervención.

Estas cuestiones, no sé qué pensareis vosotrxs, se resumen en un impulso necesario y urgente de querer crear y tantear otros paradigmas que nos puedan ayudar a resolver una clínica colonizada y expropiada. Urgente es intervenirla y desplazarla porque sabemos qué lugar ocupan nuestros cuerpos en estos territorios, y  quiero mostrar por ello mis agradecimientos por vuestra práctica. Partimos de una realidad donde cohabitan la subordinación clínica, un sometimiento normalizado y legitimado donde ciertas prácticas violentas nos hacen ser secundarias en cada tránsito médico que ubica nuestros cuerpos en un lugar pasivo a la hora de poder intervenir  este ecosistema blindado.

Somos como bien se impone pacientes y con esa paciencia y padecimiento -como significantes postulados- nuestras  cuerpas son asumidas desde ese otro lado secundario. Esto nos lleva a pensar en cómo se articula la clínica, cómo es organizada por estatus y cómo la enfermedad -en su multiplicidad- también se cataloga a través de estos estatus que hacen que nuestras mutabilidades se representen más o menos dignas, más o menos crédulas, más o menos normativas y cómo estos significantes castrantes se enraízan en el imaginario para que no lleguen a ser interpelados. Y ya no digo interpelado digo más bien compartidos, hablados y visibilizados para llegar a consensos que legitimen y empoderen el trazando de nuestras experiencias corporales y nuestros procesos de aceleración de vida.

Inevitablemente la clínica ocupa un lugar tremendamente blanco, tremendamente masculino y tremendamente colonizador.  La condición de clase, contextos, realidades patriarcales y capitalistas interfiere negativamente para que esa aceleración de vida se resuelva con éxito.  Con esto no quiero hacer reclamación de la cura porque se me interroga  impropio a la vez que capacitista. Una resolución exitosa no siempre tiene que llegar a la acción de ser curada, pero si cuidada y respetada. Por todo esto vuelvo a hacer hincapié en la importancia de vuestra prácticas donde la acción de sustraer y desterritorializar la clínica son la eclosión de una nueva verdad emancipadora que inicia y reinicia la acción de repensar otras maneras de cuidar y de tratar la enfermedad y la mutabilidad. Desjerarquizar estos procesos haciendo célula nos hace partícipes como cuerpos mutante y activos  que busca otras maneras de resolver fuera del internamiento, la medicalización excesiva o metódica,  la amputación de tejido, y la subordinación.

Para establecer conexión os ubicaré en mi performatividad corporal; en esa mutabilidad que me hace común a vostrxs en estos devenires corporales. Parto de un trabajo endeble, tan endeble como pueda serlo mi cuerpa  sometido a  estados de reposo, y que por lo tanto trabaja o más bien produce y reproduce conceptos con una velocidad del despacio pero que -por otro lado- guarda y cuida ese pensar  para no asumir la indefensión como destino. Fabricar y aprender a subvertir estos tiempos de reposo en conocimientos que puedan utilizarse de una manera protésica y que a su vez creen ciertas líneas de fuga para transitar camino sin tener que utilizar la cuerpa. Se crean así resistencias con forma de texto protésico, de imagen, de vídeo que hablan y visibilizan una realidad abyecta. A partir de ahí es trotado para experimentar hasta dónde puede/ no puede  llegar por sí mismo, para observar cómo se desliza. A donde llegue tampoco tiene importancia, no es el objetivo.  Llega hasta donde llega, hasta donde puede el propio cuerpo. Lo que importa es la observación de diferentes velocidades y longitudes que se deslizan en el paseo.

Estos ensamblajes creados a partir de  textos,  lecturas, fotografía, vídeo y redes sociales  (donde no podemos subestimar la pedagogía del posts, las conexiones que se establecen, y todo este tipo  de cuestiones que puedes llegar a mandar al pairo en cualquier momento) son expuestas como carne dispuesta para comer para visibilizar lo tullido. Estas probetas digitales y de pixel que se engendran dentro de un cuarto propio conectado se ensamblan con las experiencias que una va teniendo en el espacio público, en la clínica y  en los cuerpo que interactúan y friccionan con nuestra condición. Se detectan entonces las malas prácticas que modulan el espacio políticosocial y el médicoeconómico que interactúan con nuestro tejido vivo y que junto a esa mutabilidad van buscando su manera de hablar a través de múltiples times lines.

El acto íntimo se convierte en un acto éxtimo con un único propósito que haga máquina biopolítica, pero que -a su vez- es percibido  como incómodo por el otrx porque nos enseñaron a ubicar la enfermedad, la discapacidad, lo mutante y lo monstruoso en el espacio privado, tan privado como el hospicio, el encerramiento y la jaula. Hacer extimidad de este tipo de cuestiones se torna necesario. Hay que decodifica ciertas subalternidades que en primera instancia no tienen un lugar de enunciación ni de evacuación. Se crea entonces la necesidad de hablar para fabricar una objetividad que desterritorialice los enunciados de la tragedia personal y se ubiquen en una realidad social y política que precisa ser pensada. Paseo botánico digital, textual y de pixel que toma forma, mientras se entremezcla con el paseo de bosque que habito en el entorno de mi hogar. Un online/offline donde acude ese devenir Thoreau que nos sirve para analiza lo micro y lo macro y que nos aproxima a fabricar una cosmovisión emancipadora.

Para acercaros a mi mutabilidad tengo que incidir en su significante. Todos entendemos ciertos significante como  cáncer, esclerosis múltiple o hepatitis pero representar una condición acromegálica no se palpa con solo lanzar su gesto textual, su palabra. El gesto político y la tarea de visibilizar una enfermedad catalogada como rara  es acompañada por la acción de repetición al explicarla. Y en esa acción de explicar y repetir para crear significante interpreto que en ocasiones el/la otrx me pueda percibir pesada o traumada porque la comunidad no  llega a entender o no inserta plugin de un marco teórico que desenmascare la necropolítica, sino que se interpreta como vómito de quejido en bucle.

Esta singularidad hace estadística corpórea a 6 de cada 100. 000 cuerpos. Sucede cuando el cuerpo crece de una manera no usual y ocurre por un tumor insertado la hipófisis que segrega hormona de crecimiento. Haciendo incisión para abrir un poco más la carne y poder hacer un poco más de zoom, un atreverse a hacer un poco más el gesto de ampliar aun con el riesgo de que algunxs sientan la necesidad de minimizarlo, os contaré que esta singularidad va acompañada de  una complejidad que se acoge con pasión. La hipófisis es nuestro ordenador central, está ubicada en el centro de nuestro cerebro. Nuestro tallo hipofisario es antena como lo pueda ser ahora la antena de nuestras wifis, esa que nos une. Es mediante la antena de carne donde se decodifica todo. Las hormonas, las proteínas, las percepciones, los campos electromagnéticos, cuánto sudas, cuánto meas… todo, completamente todo se lanza y se gestiona desde esta antena corpórea. Esta antena muta en su acción de hacer señal y de recibir señal cuando es aplastada y desplazada por una masa celular independiente o lo que la clínica nombra como masa tumoral. Masa formada por hormona de crecimiento (GH) para hacer acción de crecer sin que la altura sea apenas modificable. Crecen las manos, crecen los pies, los órganos… y esto conlleva  una afectación osteomuscular , un proceso degenerativo acompañado siempre por un diagnóstico tardío donde chequear que el corazón no se pare y no crezca va acompañado del phármakon, el tránsitos, las derivas y protocolos que hay que llevar a cabo.

Partir de esta performatividad donde el cuerpo dialoga con su devenir mas ciborg, con esos quirófanos que insertan máquinas de la marca Nasa y que perforan y navegan hasta el centro de nuestros cráneos se entremezcla con una clínica paramilitar y de internamiento donde la estigmatización cristiana que te hace víctima con el mea culpa crea desfase que anula nuestras potencias. Ya no queremos seguir circulando por este tipo de sistemas que nos criminalizan y representan nuestra condición como invalidante dentro de un capitalismo que no perdona nuestra edad de producción. Nuestra edad de producción se entremezcla con la denegación de certificados médicos que justifiquen nuestras discapacidades. Los tribunales médicos y el tacto látex crean nuevos sujetos ilegales donde la frontera corporal es deshabilitada en el territorio de nuestros cuerpos no productivos para  la máquina capital. Necropolítica que junto al aparato clínico, judicial y administrativo e el imaginario social que practican la incredulidad y la discriminación  son los responsables de este tipo de sujeto ilegal creado.

Pero urge también repensar que no hay colectividad entre discas para poder visibilizar este tipo de violencias que acaban ubicadas en un Change.org que  busca firmas, apoyo institucional y una aparente justicia. Por todo esto nace el propósito de querer deshilachar, desmembrar y compartir estas violencias encarnadas. Hablar como lugar de resistencia aun asumiendo esa ausencia de colectividad y de historicidad tullida que también se da en torno a los colectivos feministas.  Por todo esto pongamos en común qué tipo de coordenadas podemos trazar y asumir para rescatar esa verdad emancipadora y hacer de ello una guerrilla tullida.